Acompañamiento Espiritual a enfermos

Acompañamiento Espiritual a enfermos

Toda persona tiene en su interior la capacidad de hacerse la pregunta por el sentido último de las cosas, de la visión global de la vida, de considerar su complejo mundo de valores. La dimensión espiritual posee un carácter universal; son necesidades de las personas, la búsqueda de la nutrición del espíritu, de una verdad esencial, de una esperanza, del sentido de la vida y de la muerte. La persona que acompaña a todo enfermo en este proceso se convierte en un agente espiritual; en el encargado de dar espacio al diálogo interior de aquel que sufre, para que él mismo pueda dar voz a sus preguntas y vida a sus respuestas.

El acompañamiento es un servicio de mediación a la persona que busca el sentido de su vida desde la coherencia interna, la interiorización de significados y las propuestas de futuro. Se trata de asumir la experiencia ajena; acoger el sufrimiento del prójimo; preocuparse por todo sin preocupar; conmoverse sin compadecer; comprender sus “rarezas” sin incomodarse; no crear dependencias e infundir ánimo, fuerza y esperanza;  Así como se trata de cumplir con estos objetivos principales también deben de evitarse algunas situaciones: estar disponible sin estar dispuesto; moralizar a la persona; repetir frases hechas y aprendidas que no llevan ningún tipo de consuelo espiritual al enfermo, ni una compañía sana; investigar o interrogar; decirle lo que tiene que hacer, debería de sentir o pensar.

No debemos de perder de vista que la persona que sufre, el enfermo, tiene un espacio sagrado que debemos de considerar privilegiado y que nos pide que nos detengamos antes de acercarnos a él. Detenernos para tomar conciencia de lo que vamos a hacer; para pedirle al Señor que guíe nuestro encuentro; detenernos y acercarnos despacio, sabiendo que entramos en espacio sagrado, un espacio lleno de fragilidad y vulnerabilidad, de necesidad y posibilidad; de proyectos frustrados y esperanzas nuevas. Debemos de estar conscientes y atentos a las necesidades espirituales de las personas en esta etapa, procurando tener una presencia plena; centrada en la persona; procurando poner en práctica la clave y el arte de la escucha; el saber guardar silencio y cómo hablar con el enfermo; poder discernir los momentos oportunos de algún tipo de contacto físico, y de saber realizar el tipo de preguntas más adecuadas. 

A través de una serie de estudios científicos se ha podido determinar que al ser humano ante la experiencia de la enfermedad le surgen preguntas sobre el sentido de la vida, del sufrimiento, de la muerte,… hace que el mundo de los valores sea interpelado y aparecen una serie de necesidades espirituales ante las que se enfrenta no solamente la persona sino que también la (s) persona (s) que le acompañan en ese proceso. Dentro de las necesidades espirituales más importantes  podemos mencionar: a) ser reconocido como persona; b) volver a leer su vida; c) encontrar sentido a la existencia; d) liberarse de la culpabilidad, de perdonarse; e) reconciliación, de sentirse perdonado; f) establecer su vida más allá de sí mismo; g) continuidad, de un más allá; h) auténtica esperanza, conexión con el tiempo; i) expresar sentimientos y vivencias religiosos; j) amar y ser amado.

Derivado de lo anterior cobra especial importancia el saber acompañar al enfermo para poder ayudar a descubrir las necesidades más importantes para él y no las que nosotros consideramos como tales. El poder realizar este acompañamiento nos brinda la oportunidad de aprender modos adecuados que  se ajusten a los objetivos más genuinos de la visita y/o acompañamiento y a las necesidades del enfermo en ese momento. Debemos de abrir nuestra mente a nuevos conocimientos y actitudes que pueden enriquecer nuestro proceso de acompañamiento sin dejar por un lado lo aprendido anteriormente. 

Dentro de este acompañamiento la Iglesia católica no puede estar ajena. La persona sufriente es motivo de preocupación y solicitud en su acción misionera. El sufrimiento y el dolor afectan a la persona no solo en su aspecto físico sino que repercuten en la integridad y en su entorno familiar y social. La pérdida de la salud genera una crisis social, económica y de seguridad que afecta a la persona humana en las diferentes dimensiones y que impacta negativamente en el desarrollo integral de la persona. La Iglesia católica responde a ésta crisis a través de la Pastoral de la Salud, 

La Pastoral de la Salud es la acción evangelizadora de todo el Pueblo de Dios, comprometido en promover, cuidar, defender y celebrar la vida, haciendo presente la misión liberadora y salvífica de Jesús en el mundo de la salud. Es la respuesta a las grandes interrogantes de la vida, como son el sufrimiento y la muerte, a la luz de la muerte y resurrección del Señor. Su tarea principal es promover, cuidar, defender y celebrar la vida. Su objetivo es “renovar con amplio espíritu misionero el mundo de la salud, en una opción preferencial por los pobres y enfermos, participando en la construcción de una sociedad justa y solidaria al servicio de la vida. 

La Iglesia es una comunidad con diversos carismas y ministerios y lo es también junto al enfermo y su familia, tanto en la parroquia como en el hospital. La capacidad de actuar todos juntos, en comunión transforma a la Iglesia en comunidad sanante. (CONCEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO. Discípulos Misioneros en el Mundo de la Salud)

El acompañamiento espiritual al enfermo, se traduce pues, en una serie de habilidades, entre las cuales destacamos la escucha activa, la respuesta empática, la asertividad, la personalización, la inmediatez,… estas habilidades, bien utilizadas, garantizan un tipo de acompañamiento espiritual centrado en la persona- no superficialmente centrado en el problema- y no directivo, sino facilitador. Esa es la clave: facilitar, no imponer; acompañar, no dar soluciones; escuchar, no dar falsos consuelos o consejos no solicitados. Acompañar a las personas en el camino de sus vidas ayudándolas a descubrir en ellas la presencia de Dios. Es un servicio de misericordia y esperanza, de acogida y animación como expresión de nuestra misión.

“En el servicio a los enfermos, mientras las manos realizan su tarea, estén atentos: los ojos a que no falte nada, los oídos a escuchar, la lengua a animar, la mente a entender, el corazón a amar y el espíritu a orar” San Camilo de Lelis, Siglo XVI.