La encíclica ecológica que nadie leyó y pocos etendieron.

La encíclica ecológica que nadie leyó y pocos etendieron.

Benedicto en la encíclica Spes Salvi (Salvados en la Esperanza) nos dió los criterios ecológicos para evitar la destrucción de la tierra: No somos dueños de la tierra sino administradores. El Papa dijo lo siguiente: 

"Creo que a todos nos impresiona la objeción de los marxistas, según los cuales los cristianos sólo han hablado del más allá y han descuidado la tierra. Nosotros queremos demostrar que realmente nos comprometemos por la tierra y no somos personas que hablan de realidades lejanas, de realidades que no ayudan a la tierra.

Aunque es correcto mostrar que los cristianos se comprometen por la tierra —y todos estamos llamados a trabajar para que esta tierra sea realmente una ciudad para Dios y de Dios— no debemos olvidar la otra dimensión.  (la dimensión evangélica que nos recuerda que no somos dueños sino administradores de este hermoso jardín de Dios) Si no la tenemos en cuenta, no podemos trabajar bien por la tierra.

“El objetivo de escribir mi encíclica, Salvados en la Esperanza —dijo— fue demostrar que cuando no se conoce el juicio de Dios y no se conoce la posibilidad del infierno, del fracaso radical y definitivo de la vida, no se reconoce la necesidad de la purificación, (por el fuego). Entonces el hombre no trabaja bien por la tierra porque al final pierde los criterios, no se conoce más así mismo, ni a Dios y destruye la tierra. Las grandes ideologías prometieron: "nosotros no seremos negligentes con la tierra, crearemos un mundo nuevo, justo,correcto, fraterno". Por el contrario destruyeron el mundo… Debemos hablar también del pecado como posibilidad de destruirse así mismos, y también de destruir otras partes de la tierra.”

Según el Papa, el hombre, al ignorar el juicio de Dios y creerse el dueño y dominador del mundo, pierde los criterios de su conducta, no siente que tiene que responder al dueño del jardín. El yo–soy y el yo–puedo se vuelve norma y derecho de nuestro actuar, y esto nos lleva a la auto–destrucción y a la destrucción de la tierra. 

Esta descompostura, que altera la creación entera, —afirma— ya sólo la puede reparar Dios. Y  termina diciendo: "recobrar la conciencia , iluminada por la presencia de Dios, es la primera tarea de reconstrucción de la tierra. La reconstrucción de la tierra, respetando el grito de sufrimiento de este planeta, sólo se puede realizar encontrando a Dios en el alma, con los ojos abiertos hacia Dios". (Discurso al clero de Roma 7/feb/2000 Respuesta a don Pietro Riggi).qax